triangle

Segundo Nivel – Dialogando con la Forma

caligrafia TKD coreanoEn Taekwon-Do los grados de cinturón negro se dividen en tres bloques de tres “Dan” cada uno:

              • 1er, 2do y 3er Dan: Se han ganado el derecho a usar el cinturón negro, asumiendo el compromiso de practicar y dejarse formar por la forma.
              • 4to, 5to y  6to Dan: Son instructores plenos, “expertos”. Idealmente, son practicantes que han llegado a “dialogar” con la forma y conocen vivencialmente su sentido, función y aplicación.
              • 7mo, 8vo y 9no Dan: Se los llama “maestros” porque con su extensa dedicación y su conducta enseñan sobre el arte marcial y deben ser testimonio de la vida de un practicante. Idealmente, han dominado (en inglés, “mastered”) la técnica y por ello son practicantes que trascienden la Forma y, sin estar atados a los patrones del estilo, manejan la libertad de aplicar los principios que subyacen a esa Forma. Porque la “Forma” es un vehículo, un medio (“el hombre no es para el sábado, sino el sábado para el hombre”).

La primer franja se identifica, al igual que los cinturones de color, con el Primer Nivel (lo terrenal, el cuadrado).

La franja de los “expertos” es la del segundo nivel, el de la humanidad, el triángulo). Si el alumno no ha practicado lo suficiente como para que la forma le brote naturalmente, haciéndose uno -consustanciarse- con la forma, no podrá considerarse dentro del Segundo Nivel.

En este nivel es imprescindible trabajar la forma en su aplicación combativa, entender el cómo y el porqué. Estudiarla “de igual a igual” sin verse restringido a mandatos o enseñanzas que limiten la experimentación. En el Segundo Nivel resulta fundamental practicar sin cesar el material del nivel anterior, especialmente el arte de la patada, insistir con el entrenamiento de impacto, y nunca dejar de repetir una y otra vez las formas que se van sumando, pues ellas contienen el germen de lo que se esboza como Taekwon-Do avanzado. Las formas contienen el legado de generaciones anteriores (el pasado), el núcleo para la formación de quienes hoy practican (presente), y la base para el desarrollo de este arte (futuro).  En esta fase, además de trabajar sobre el combate a tres pasos y a un paso de la etapa anterior,  en nuestro método el practicante es expuesto a dos prácticas especiales:

  • CFP : Significa Cerca Fluyendo Penetrando (Close Flow Penetration) un ejercicio de combate libre de corta distancia comparable -aunque con más modestas expectativas- a las “manos pegajosas” de Wing Chun en que se procura desarrollar hábitos de combate de adaptación, sensibilidad, llenado de espacios, eficacia y eficiencia para aplicar y entender las técnicas tradicionales de Taekwon-Do; y
  • MP: Manipulación Pautada (Manipulation Patterns), un catálogo de 24 situaciones de “defensa personal” con respuestas “tradicionales” basadas en el uso de palancas sobre  articulaciones y derribos que típicamente se encuentran en Hapkido.

Estas prácticas se consideran muestras de “defensa personal tradicional”. Escribimos “defensa personal” entre comillas porque cada bloqueo, golpe o patada practicado desde el primer día es justamente la esencia de nuestra idea de la defensa personal.   Al aludir a “tradicional” nos referimos a modelos heredados que receptan mucho de lo que el alumno habrá dominado durante la primera etapa, combinándolo y permitiéndole explorar movimientos que potenciarán el conocimiento que ya tiene.

ilbox5

Estas secuencias de MP, no obstante haber sido muy bien diseñadas, tampoco tienen en sí mismas un valor extraordinario.  Su virtud radica en que, siendo ejecutadas aplicando los parámetros de movimiento aprendidos en el Primer Nivel, refuerzan y le dan sentido a lo anterior permitiendo apreciar más cabalmente el potencial físico del Taekwon-Do. Aquí se hace más entendible para qué sirven las posturas, las trayectorias de los brazos que se aprecian en los bloqueos fundamentales, el sentido de algunas técnicas contenidas en las formas. Y se integra todo eso con los ángulos de entrada, desplazamientos y giros que el alumno habrá aprendido en el contexto del combate, pero no aplicados a movimientos de corta distancia en manipulación del oponente. Estas secuencias MP podrían ser entendidas por analogía con un plan de lecturas recomendadas.  Mientras que en la primera etapa el alumno habrá aprendido a leer y escribir, a armar estructuras sintácticas correctas, y a poder comunicarse y comprender (procesar adecuadamente) información escrita de dificultad estándar, en esta nueva etapa el alumno debe leer literatura bien escrita que lleva ínsita patrones especialmente ricos.  No se trata de memorizar esos libros, sino de estudiarlos con una profundidad tal que se puedan apreciar e identificar esos patrones.

¿Qué habrá logrado el practicante al “completar” el Segundo Nivel? Habrá recibido el total de conocimientos de nuestro programa de Taekwon-Do  (lo cual implica que tendrá todo el material para procesar en la Tercera Etapa) y habrá accedido a la llave para aplicar las técnicas básicas (kibon tradicional) que integran las formas en combate real.

Este es el verdadero desafío y dilema que presentan las artes marciales tradicionales: fueron concebidas para el combate real. Esto es, para situaciones donde la reacción de “pelea o huye” dispara la adrenalina, activa la irrigación a los músculos, anula temporariamente la motricidad fina, la sensibilidad y otras funciones físicas y produce una visión “túnel”. En ese contexto, el instinto toma control y los mecanismos reflejos salen a pelear por la vida. El Zen intenta calmar la furia para mantener la mente calma en combate, pero a la vez lograr que el pensamiento consciente no interfiera. Durante esos instantes preciosos no hay tiempo para pensar o planear.  Entonces, el entrenamiento de artes marciales solamente servirá si los movimientos / técnicas son esencialmente “naturales” (esto es, adecuadas a la conformación física y psicológica del ser humano y sus reflejos) y si, al ser “programadas” en nuestro entrenamiento, el cuerpo (a quien no podemos engañar) las siente y las vivencia como adecuadas.  Sólo va a funcionar en una situación de violencia real la técnica que hayamos experimentado que nos funciona en situaciones en algún sentido comparables a la real. Sabemos que esos movimientos vienen heredados desde hace muchas generaciones, pero también sabemos que a lo largo del tiempo fueron alterados a veces para bien, y otras por razones ajenas a lo combativo, perdiéndose en esas modificaciones la esencia del movimiento y su sentido. El practicante avanzado debe hacerse cargo de que el cuerpo no puede procesar movimientos antinaturales, y por ello tiene que encontrar lo natural en la Forma. Debe dialogar con ella, entenderla y hacer de la forma genérica su forma personal.

Este segundo nivel es, en la figura del trigrama, la que se identifica con la humanidad 人 (in), esa complejidad de tensiones entre lo terrenal y lo espiritual.  Aquí el practicante comienza a ver elevarse su nivel, a ver que hay algo más que lo meramente físico, y trabaja sobre ese plano, “con los pies sobre la tierra pero los ojos al Cielo”. El practicante usa elementos técnicos avanzados (aunque no perfectos) que le permitan ascender. Debe quedar claro que las secuencias que ofrecemos están lejos de ser el corazón de esta etapa, sino que son tan solo un elemento que se agrega. Esta etapa aconseja la repetición incesante de formas, sin descuidar lo demás. Las formas son piezas de sabiduría ancestral que al practicarlas nos sugieren ideas. Nunca he dejado de sorprenderme cómo, después de años de practicar una misma forma, cierto día tengo un momento Eureka en que advierto algo que he tenido delante mío todo el tiempo y no podía ver. Así es la práctica.

Si la figura del Primer Nivel es un Cuadrado, la del Segundo es un Triángulo. Es más simple (tiene menos lados, menos ángulos) y claramente apunta hacia arriba. Para ascender se requiere una dedicación extraordinaria.

En otra parte de este sitio web hemos citado el trabajo de especialistas que afirman que “se requieren diez mil horas de práctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial, en el campo que fuere.” En un año hay 52 semanas. Asumiendo un practicante dedicado que asiste a clase tres veces por semana, y restando seis semanas en concepto de vacaciones, ausencia por enfermedad, viaje, etc, a razón de una hora y media por clase tres veces por semana (asumamos con un redondeo generoso, cinco horas semanales), ese alumno habrá practicado 230 horas por año, 2300 en diez años. O sea que le tomará cerca de 25 años de entrenamiento enfocado, metódico y serio con el ritmo antes descripto llegar al Tercer Nivel. En Oriente las artes marciales no son un hobby sino una elección que implica, sin ninguna ansiedad por llegar a resultados, el compromiso de iniciarse en un camino que lo llevaría a uno a ser un experto. Cuando uno llega a cinturón negro debe asumir ese comprimiso. Dicen los coreanos “El que hace Taekwon-Do todos los días, ése practica. El otro juega al Taekwon-Do”.  Es un estándar alto, no es para cualquiera. No cualquiera llega a ser un experto en algo. Quien completa este nivel, quien supera las 10.000 horas de buena práctica, puede considerarse un experto.